Críticas
La novia: anatomía de una metaficción
Una creadora, una criatura y una historia que termina eligiendo su propio camino.

En el Chicago de los años 30 un solitario Frankenstein busca a la revolucionaria científica Dra. Euphronious para que cree una compañera para él. Juntos reviven a una joven asesinada y nace La Novia.
La historia intenta desarrollar tres líneas narrativas: el romance estilo Bonnie y Clyde entre Frankenstein y la Novia; el surgimiento de un movimiento feminista (no es casualidad que su estreno coincida con la semana del Día Internacional de la Mujer); y una capa de metaficción que conecta a la autora, Mary Shelley, con la Novia, quien por momentos parece ser poseída por ella.
Maggie Gyllenhaal entrega una propuesta interesante, arriesgada y disruptiva, pero que termina quedándose corta. Las tres líneas narrativas acaban sintiéndose inconclusas. El trabajo de Christian Bale y Jessie Buckley es extraordinario, pero la historia no lleva realmente a sus personajes a ningún destino claro. La crítica que intenta plantear sobre la violencia hacia la mujer también se queda a medio camino frente a lo que pudo haber sido.
Quizá lo más interesante de la película es su juego metaficcional: Mary Shelley aparece como una presencia que interactúa y parece habitar la historia. Sin embargo, si se observa con atención, en realidad es poco más que la voz interior del personaje: no guía los acontecimientos, sino que permite que estos se desarrollen por sí mismos. Como si la película insinuara que, a veces, cuando creamos algo, queramos o no, termina eligiendo su propio camino.
Y aunque esta es la idea más fascinante de la cinta, también es la que termina sintiéndose más inconclusa. Una película que tenía muchísimo potencial pero que al final se siente que algo faltó.
Por cierto, como dato curioso, esta no es la primera vez que Maggie Gyllenhaal trabaja en una historia de metaficción. En Más extraño que la ficción, donde participó como actriz, la trama también jugaba con la relación entre un personaje y su autora, explorando cómo una creación puede ser consciente de quien escribe su destino. Quizá no sea coincidencia que ahora, detrás de la cámara, vuelva a interesarse por una historia donde los límites entre creador y criatura se difuminan.
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